viernes, 3 de diciembre de 2010

Just let me cry.

Me duele el corazón.

Él nunca fue muy fuerte, no tenía que ser médico para saberlo.
Me duele más que ayer y menos que mañana.
Puedo sentirlo gritar y llorar, desgarrarse como si la vida le fuese en ello; 
pero es que, en realidad, le va. Pues él es quien decide, al parar, si vuelve a latir o no me deja ver un día más.
Me duele el corazón.
Un pinchazo me cruza de derecha a izquierda, de arriba abajo, un dolor que me traza una perfecta línea en la espalda; a la vez que dos lágrimas se suicidan desde mis ojos cerrados. No aguantaban más. 
Querían salir tanto como yo quiero gritar, 
querían salir tanto como yo me quiero marchar, querían su fin tanto como yo quiero no mirar atrás jamás.
Me duele el corazón.
Por amor, por desamor, por noes, por síes, por palabras bonitas y promesas preciosas, por sonrisas olvidadas, 
por te quieros en vano, por conversaciones nunca habladas… 
Por ti.
Ni enfermedades, ni malas personas, ni trabajos inhumanos, 
ni accidentes, podrán conmigo; sólo el amor será el que decida 
cuándo termina mi función.          


   

Putas ganas de seguir el show
ni de continuar mintiendo
y en un travelling algo veloz
sale un "fin" en negro.



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