lunes, 24 de enero de 2011

La historia de dos anónimos que sí tenían nombre.

Nunca te he escrito nada lo suficientemente grande como te mereces. Sólo privados cargados de tí y de mí, comentarios en clave, sms nocturnos,..Pero nada más. Y eso es algo que llevo arrastrando desde hace bastante tiempo, pero como bien sabes, la inspiración no viene cuando uno quiere, si no cuando a ella le apetece.
Hoy, es un día especial, un día en el que he recordado mil momentos que creí olvidados y otros tantos que siguen en mí grabados; por eso estoy aquí sentada, porque tengo mucho que decir y muy poco orden en mi cabeza como para saber ponerlo todo sobre este lienzo que quiere ser papel.

Antes de nada, debes saber que te quiero y que creo que siempre lo haré. Has sido una persona fundamental en mi vida, una persona que ha sabido darme más de lo que nunca esperé merecer recibir. Pensarás que mis 'te quiero' son lanzados en vano, y puede que se vea así, pero no, mis 'te quiero' son sinceros y no van a todos por igual. Tengo una escala, de 1 a 10, en como se mide mi amor por los demás, y tú estás en uno de los dígitos más altos, porque te lo has ganado, porque supiste ser amigo y confidente cuando siempre éramos algo más. Gracias.
Y te equivocas, al igual que yo lo hacía, al afirmar, y requetecontra afirmar cada vez que esto fallaba, que éramos opuestos, estábamos equivocados; somos prácticamente iguales, sólo que buscamos y necesitamos cosas distintas. Y ahora ya las hemos encontrado.

Nunca te odié, si en algún momento durante mis rabietas post-adiós pudiste llegar a pensar tal atrocidad. No es que sea la Virgen María (ni lo pretendo) pero la verdad es que se me tienen que tocar muchísimo las pelotas para poder sentir eso por alguien, y tú desde luego no hiciste méritos para eso precisamente.

Hoy lloré. Lloré durante toda la mañana. ¿Por qué? Porque me habían hecho el regalo más especial que un lunes cualquiera me podía deparar: nuestra historia. Y lloré de alegría, deberías haberme visto, estaba histérica, o eufórica, según como lo mires, al desenvolver tan preciado objeto de tanta bolsa y papel. Pero también lloré de tristeza al ver como tus últimas palabras habían sido garabateadas con una desgana inmensa sobre ese papel musical. Ha sido lo más parecido a una muerte anunciada, tú no estabas allí, he abrazado y llorado a la persona a la que le encargaste la ardua tarea de hacerme llegar lo que tanto anhelaba; ni si quiera me has dejado decirte adiós. Ahora pienso que nuestro último abrazo fue aquel día de agosto y no lo supe ver.
También necesito que sepas que quiero que seas feliz (y se que lo eres y lo serás). Nunca verás rencor o tristeza en mi mirada o en mis gestos, si acaso un atisbo de melancolía al recordar tiempos pasados, que "solo dan para media hora".

Yo nunca olvidaré nada. Espero que tú tampoco.
Ahora mi nombre, sin firma, yace junto al tuyo, porque si alguna vez pensaste que esto sería anónimo, te equivocabas, siempre tuvo nombre. 


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