También dicen que como la primera vez no hay nada, y que todo aquello que se hace por vez primera vivirá en nosotros en forma de recuerdo indeleble.
Las fechas especiales son esas que puedes tener señaladas en tu calendario con rotulador rojo o puede que, un día como otro normal, se convierta en uno de esos.
La cuestión es que nuestra vida no son los días que hemos vividos sin más, no, nuestra vida es un conjunto de espacios de tiempo tan memorables que nos seguirán haciendo reír o llorar a pesar del paso del tiempo.
Y ayer fue nuestro aniversario, el primer aniversario de un grupo de niños-adolescentes que se subían al escenario, juntos, por primera vez. Y aún puedo escuchar sus gritos pidiendo auxilio porque la cremallera no subía, porque necesitaban ayuda con el pelo o porque no sabían maquillarse, también cómo unos ensayaban frente al espejo, otros espiaban a las chicas en los camerinos y algunos estaban ya entre bambalinas mirando, nerviosamente, cómo el público tomaba asiento; por supuesto estaba el que siempre llegaba tarde, los que subían al gallinero y cotilleaban lo que pasaba abajo y nuestra directora, en 20 sitios a la vez intentando poner orden.
11, 12 y 13 de Marzo eran los días que tenía rodeados con rojo en mi calendario del 2010, unos días en los que me pondría a prueba a mí misma, unos días duros emocional y físicamente; entonces comprobé lo que era ser actriz, porque aunque no era un proyecto enorme, era nuestro proyecto, una representación que debíamos convertir en obra, cosa que no iba a ser fácil, pero allí estábamos todos, 35 chicos y chicas listos para hacer soñar. Y lo conseguimos, con nuestro particular e intransferible "Sueño de una noche de verano" conseguimos llenos absolutos los tres días y unas críticas magníficas que, al vivir en un lugar tan pequeño, llegaron muy pronto a nosotros.
He de reconocer que acabé llorando, ignoro si de la emoción, de la pena por saber que se había acabado o por la mierda de actuación que había hecho esa noche, la cosa es que parecía un bebé que se ahogaba con sus propias lágrimas, pero, como siempre, ellos estuvieron allí para abrazarme, besarme y recordarme que los sueños se hacen realidad, eso sí, sólo trabajando muy duro. Gracias Papá y Mamá, por creer en mí y dejar que siga creciendo y mis sueños, conmigo.
Gracias a lo especial que fue todo, sigo recordándolo y siempre lo haré.
Nuestro sueño.







No hay comentarios:
Publicar un comentario