jueves, 23 de junio de 2011

Mi mayor admirador.


Un agujero se ha instalado en mi pecho. Otra vez.
Es angustia, estoy segura, reconocería ese vacío en cualquier situación; es algo habitual en mi vida.
Hoy unas voces me despertaron, sacándome de mis sueños mientras me iban introduciendo en una negra espiral de culpabilidad. 
"Es como si me hubiesen arrancado un trozo de mí". Yo sabía que la confianza había muerto desde el mismo momento en el que pisaste aquella habitación.
Me culpas, me culpas a mí, por seguir la ley de vida, por hacer lo que la edad trae, por dejar las muñecas a un lado, por no soñar con príncipes azules, por dejar a Disney por Tarantino, por preocuparme por mi imagen, por besar a un hombre,...Por crecer, Papá.
El tiempo ha ido mudando edades, mutando personalidades. El tiempo ha hecho que tengas más canas y yo más tetas, que uses gafas para leer y yo tacones para salir, que tu cara se surque con mil y una arrugas al sonreír y que a mí lo único que me importe sea vivir. Ya no me coges en brazos, ya no me cuentas cuentos antes de dormir, ya no me traes el agua al sofá, no me montas en tus pies para bailar, no me coges de la mano al cruzar, no celebras mis pequeños logros ya.
Siempre fuiste mi mayor admirador, el que estaba en primera fila en los bailes del colegio, el que me perseguí con la cámara cuando comencé a andar, el que lloró al verme actuar por primera vez, el que adoraba ver cómo me superaba  en la cancha, el que se subía conmigo a las atracciones más peligrosas, el que me miraba seriamente para hacerme bien que toda la sangre que salía de mi pierna no me iba a matar, el que me dio la vida y me puso nombre una noche de verano.


Ahora yo estoy majareta porque el hacerme mayor me ha matado al dejarme sin mi Campanilla.
 Tú siempre fuiste mi mayor admirador, hasta que jugué en el filo de la navaja, me caí y morí para ti.

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