Casi la había olvidado.
Estaba cubierta de polvo y dolor, mas, al pasar los dedos por la cubierta, descubrió que el barniz no se había caído a pesar del tiempo y la conservaba tan reluciente como lo había sido los tres lustros anteriores.
Hacía mucho que no la necesitaba. La había dejado en el rincón más oscuro y recóndito que conocía. Pero nada pudo evitar que el dolor hiciera acto de presencia, otra vez. Con él, un recuerdo más que ocultar, a sí misma y a los demás, tarea para la cual tuvo, de las tinieblas, a la caja que desenterrar.
Fría e inerte, así es como eran las tablillas tablillas que formaban y daban cuerpo a esa indestructible estructura poseedora de tanto mal. Lo peor ya había pasado, el dolor estaba casi extinguido; lo que no evitó que sus mejillas estuviesen todavía húmedas por la pena. Llorar la purificaba, la limpiaba y además, contra aquello, ¿ qué otra cosa podía hacer? Era demasiado menuda para pelear, demasiado joven para con experiencia contar, demasiado débil para a ÉL poderse enfrentar, demasiado cobarde para dejarlo todo atrás,..El miedo se apoderaba de su razón cada vez que ÉL enfurecía.
Terriblemente destructor con todo lo que le rodeaba, dañino con la vida y doloroso para los sentidos, hoy había vuelto a despertar y, con la ruptura de su letargo, las tinieblas trajo a la vida de Ella una vez más. Una vida marcada y dictada por su férreo mando, tan cambiante e inestable que de la misma forma que podía estrangularte ferozmente era capaz de deleitarte con la más cálida caricia.
Ella contempló las marcas de ira que el monstruo había grabado en su piel. En su espalda podía verse con total claridad cómo la garra de acero se había arraigado y ahora permanecía ahí, imperturbable, hasta que la propia carne, con mucho tiempo, fuese echando ese amoratado recuerdo. En aquella horrible huella podía leerse la furia con la cual había sido asestado el cruel golpe y cómo la víctima había asumido, sin reproches, su papel de Mártir.
El momento de coger, una vez más, aquella caja y devolverla a donde no la pudiese molestar había llegado. Por su propio bien debía mandarla a ese lugar tan lejano a su consciencia que ni si quiera su subconsciente sabía donde se hallaban enterrados dichos recuerdos; tan aterradores cuando eres niño, tan vergonzosos cuando eres joven y tan asumidos cuando eres mayor...
Pero justo cuando estaba, caja en mano, dirigiéndose hacia ningún lugar, una chispa de cambio saltó dentro de su corazón.
Jolín, niña, al final me he quedado sin saber en realidad que es " la caja"...
ResponderEliminarSnif, snif, eso no se hace.
Besos.
No te preocupes Gina, tiene continuación :)
ResponderEliminarMe alegra mucho que te haya gustado y que me leas.
Un beso.