sábado, 13 de octubre de 2012
Lo intento pero no puedo.
Hoy, hace una semana que me rompiste el corazón.
Parece que ha pasado una eternidad...
Me prometí a mi misma hacerte notar mi ausencia, que me echases de menos y volvieses a mí como si nada hubiese pasado. Dejarte ver el vacío de mi cuerpo entre tus brazos, el silencio de mi voz en el teléfono o la difusa sonrisa que se me dibuja cuando te miro. Esperar a que me echaras de menos, que me quisieras otra vez, aquí sentada mirando fotos y reviviendo recuerdos. Sonriendo amargamente porque pasó y llorando, callada, porque terminó. Pero es tan grande el dolor que me atraviesa el pecho, que ni siquiera la daga con la que Julieta se unió con su Romeo dolió tanto como me duele ahora el pecho, al respirar sabiendo que no sentiré más tu respiración en mi cara.
No lo entiendo, no entiendo nada. ¿En qué momento se apagó la llama? ¿Cuándo viste que no seguías aquí? ¿Por qué ha sucedido? ¿Volverá a prenderse el fuego del amor? Esa luz intensa que nos llenaba, nos cegaba y nos unía en tierna armonía, haciéndonos ser uno, un mismo ser, un mismo cuerpo.
Y ahora, sólo puedo recordar. Alimentarme a base de recuerdos mientras bebo las lágrimas que caen impasiblemente, quemándome la cara como si fuese ácido.
Me has dejado sola en el parque de atracciones que es la vida. Pulsaste el botón de stop mientras girábamos en la noria y me tiraste desde lo más alto. Ahora me encuentro, sin ti, en la montaña rusa, en un viaje que parece no tener fin. En una macabra historia en la que la pena, la rabia y el dolor vienen y van, suben y bajan, quemándome por dentro, desgarrándome el alma con sus afiladas garras, haciéndome ver con cada zarpada cómo duele estar sin ti.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario